domingo, 5 de enero de 2014

Espantapájaros 19/ Oliverio Girondo

Los poemas seleccionados para cantarle a un amor

¿Que las poleas ya no se contentan con devorar millares y millares de dedos meñiques? ¿Que las máquinas de coser amenazan zurcirnos hasta los menores intersticios? ¿Que la depravación de las esferas terminará por degradar a la geometría? Es bastante intranquilizador —sin duda alguna— comprobar que no existe ni una hectárea sobre la superficie de la tierra que no encubra cuatro docenas de cadáveres; pero de allí a considerarse una simple carnaza de microbios... a no concebir otra aspiración que la de recibirse de calavera... Lo cotidiano podrá ser una manifestación modesta de lo absurdo, pero aunque Dios —reencarnado en algún sacamuelas— nos obligara a localizar todas nuestras esperanzas en los escarbadientes, la vida no dejaría de ser, por eso, una verdadera maravilla. ¿Qué nos importa que los cadáveres se descompongan con mucha más facilidad que los automóviles? ¿Qué nos importa que familias enteras —¡llenas de señoritas!— fallezcan por su excesivo amor a los hongos silvestres?... El solo hecho de poseer un hígado y dos riñones ¿no justificaría que nos pasáramos los días aplaudiendo a la vida y a nosotros mismos? ¿Y no basta con abrir los ojos y mirar, para convencerse que la realidad es, en realidad, el más auténtico de los milagros? Cuando se tienen los nervios bien templados, el espectáculo más insignificante —una mujer que se detiene, un perro que husmea una pared— resulta algo tan inefable... es tal el cúmulo de coincidencias, de circunstancias que se requieren —por ejemplo— para que dos moscas aterricen y se reproduzcan sobre una calva, que se necesita una impermeabilidad de cocodrilo para no sufrir, al comprobarlo, un verdadero síncope de admiración. De ahí ese amor, esa gratitud enorme que siento por la vida, esas ganas de lamerla constantemente, esos ímpetus de prosternación ante cualquier cosa... ante las estatuas ecuestres, ante los tachos de basura... De ahí ese optimismo de pelota de goma que me hace reír, a carcajadas, del esqueleto de las bicicletas, de los ataques al hígado de los limones; esa alegría que me incita a rebotar en todas las fachadas, en todas las ideas, a salir corriendo —desnudo!— por los alrededores para hacerles cosquillas a los gasómetros... a los cementerios.... Días, semanas enteras, en que no logra intranquilizarme ni la sospecha de que a las mujeres les pueda nacer un taxímetro entre los senos. Momentos de tal fervor, de tal entusiasmo, que me lo encuentro a Dios en todas partes, al doblar las esquinas, en los cajones de las mesas de luz, entre las hojas de los libros y en que, a pesar de los esfuerzos que hago por contenerme, tengo que arrodillarme en medio de la calle, para gritar con una voz virgen y ancestral: “¡Viva el esperma... aunque yo perezca!” Oliverio Girondo Espantapájaros 19

domingo, 29 de diciembre de 2013

"Soñe que el rio me hablaba..." Para mi bello durmiente

Atreverse (Algunas poetas son holgazanas)

Argentina Casanova

Encontrar una propia voz es una parte del proceso de madurez que todo y toda poeta busca. Cuando leí por primera vez a Gabriela Bustros, hace ya algunos años, me quedó claro que tenía una voz poética y que ésta iría perfilándose o borrándose según si hiciera caso a su instinto o se disfrazara bajo la hechura conveniente de la poesía a modo de los concursos literarios.
Escribir auténticamente, o como dice el amigo poeta Sergio Witz, escribir “sinceramente” es lo que hace la voz propia del poeta. En este caso de la poeta, así, poeta y no poetisa, cuya palabra me hace pensar más en los versos pulcros y almidonados, ahí donde se hace orfebrería pero se oculta la pasión y nada hay de reflejo de la realidad que la poeta vive y poco hay de ella misma.


La poesía de Gabriela es una poesía con cuerpo y ritmo propio, fluye, se dice y se lee como si se escuchara el hablar cotidiano, y es ahí donde radica precisamente su belleza. Es una poesía que se nutre del hablar cotidiano, de esos recursos de las retóricas del hablar callejero y de esta generación, pero que en el verso pierde su aspecto callejero para ser el poema. Así con la belleza del hablar popular, del decir de las personas que transforman el lenguaje en el día a día, incorporándose sus matices y que a la larga obligan a las academias a modificar sus sacrosantos diccionarios.

Me gusta la poesía de Gabriela Bustos en este segundo libro en el que definitivamente hay una madurez, que se nota, pero siendo ella. Requiere, pese a lo que se piense por su lectura fluida, una lectura avezada, por la intertextualidad y las referencias obligadas para una segunda comprensión del verso, se escribe para toda la gente, pero en busca de su “lector ideal”.

Me parece que Gabriela se divierte, nos muestra que sabe la forma del verso que se espera, pero nos sorprende en su voz, y tiene también la búsqueda del trastocamiento del lenguaje, la aliteración es el recurso, y la abundancia, explora y experimenta, se busca y se encuentra, pero sobre todo se atreve y ese es el dilema de todo poeta, arriesgar en la búsqueda de su propia voz, de su propio decir manteniendo su sinceridad. Hay un girondesco verso que se construye en quien lo lee, pero con un eco de las voces de la poesía brasileña que acierto a escuchar, pero quizá es ese ritmo del caribe, del puerto, de la poesía portuguesa que a fuerza se hace un sello en la voz de esta poeta irrespetuosa y “holgazana”.

Hay una voz que empieza también a ser de nostalgia, es una mirada hacia el interior, pero con los ojos del hartazgo de este tiempo que nos tocó vivir, de este nuestro tiempo, del que estos poemas son a la vez un canto que evidentemente se hace de estas canciones-poemas.

viernes, 10 de septiembre de 2010

La literatura como re-evolución

Argentina Casanova
Texto leído en el Encuentro de Escritores Jóvenes de MTY

Yo sé
que una vez se cae en esta pasión
y que se tiene un corazón de un peso respetable
no hay nada que hacer, don Quijote,
nada qué hacer;
hay que embestir a los molinos de viento

Nazim Hekmit, Don Quijote

No pretendo con esta intervención defender la existencia de la literatura como una forma de revolución alternativa, por principio porque creo que hay una literatura que implica desde mi concepción, la re-evolución. Louis Althuser (1976) apunta "a la función social del arte precisamente por su capacidad de interpelarnos como sujetos", sin por ello negar la existencia de otras formas, otras visiones estructuralistas que desestiman al sujeto y al momento histórico en el que se produce.
Yo me quedo con la visión que apunta a que el poema, la novela, el ensayo, el manifiesto o cualquier otro producto de la literatura, es por el solo hecho de ser un producto del lenguaje, social como la lengua misma. No nos alcanza contemplar el texto sólo como "artefacto" o "monumento", o bien entenderlo como permutación constante de otros textos, en un ensamblaje de signos lingüísticos. Creo, que si así fuera, el discurso literario no podría dialogar desde una temporalidad con otros discursos poéticos de otras personas, otras historias. "Necesitamos advertir las torsiones que sujetos históricos en culturas específicas le imprimen", sostiene Laura Scarano (2007).

martes, 10 de agosto de 2010

http://enescritoresjovenes.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=144&Itemid=76

Participación en el Encuentro Nacional de Escritores

miércoles, 4 de agosto de 2010

Mujer en círculo, las posibilidades de una poética femenina

Argentina Casanova

Las discusiones del canon poético se centraron durante mucho tiempo en si realmente debe hacerse poesía en la que el género de quien la escribe tenga alguna relevancia; observable en la temática del poema, el códigos estéticos y en el sujeto lírico hablante en el poema. Esta discusión, obviamente incluye determinar si las mujeres hacen poesía femenina en la que, su identidad femenina es lo característico y lo distintivo como único valor o sí está inmanente lo poético.
Estas preguntas surgen dentro de un canon patriarcal que busca encontrarse así mismo en la obra hecha por mujeres, y si no, en consecuencia se descarta la calidad estética-poética del trabajo.
Se parte de un contexto en el que el discurso histórico dominante hecho por hombres, es el que dice lo que es lo femenino, “constructor de la feminidad –en lo discursivo- con aquellas partes para los que ellos no son aptos, como la maternidad” y como ellos ven o esperan ver a la mujer.
La poética, al igual que en otras formas de expresión del pensamiento humano es considerada fuera del canon si no se ajusta a lo que dice el canon dominante que dicta los parámetros. “De la mujer y sus obras literarias, el hombre espera también el respeto y la admiración de lo que él siente, no de lo que siente la mujer”, afirma Jorge Cuesta. Si ellas deciden escapar a ese canon, él simplemente no lo reconoce con valor dentro de lo establecido por los cánones dictados por él mismo.

La poética femenina
Aclaro que no es poesía feminista, porque solo hay un tipo de poesía la buena y la que es mala, y la mala simplemente no es poesía –afirma Antonio Gamoneda-.
¿Existe pues la poética femenina? esta permite a las mujeres verse con sus propios ojos, no con los ojos masculinos, cabe hablar de una visión poética femenina, una reveladora del inconsciente femenino el cual ha sido privado de expresión y exteriorización en una sociedad patriarcal.
Aclaro que no toda la poética escrita por mujeres entra en esta categoría de “poética femenina” presente en variadas etapas de las poetas, dejándolas algunas como algo pendiente, otras pasando por ella en algún momento, o algunas más eligen hacerla su forma de expresión con los riesgos que ello conlleva.
Mujer en círculo, es un libro donde la autora Sabeli Ceballos, crea una voz lírica femenina que nos habla de sus distintos momentos y tópicos que inquietan a las mujeres en las sociedades modernas, inserta en un discurso histórico en la que se sabe cosificada y en el que su vía de contacto con el mundo real –el cuerpo- es también su discurso, y como tal matizado de lo que el cuerpo femenino es y percibe en su entorno, lo mismo es la tierra, es caja receptora, es casa y es habitación.
Cito:
yo soy la voz
el atrio de las pasiones del silencio
yo salgo de mi boca
con todos los insectos de la vida
con sus cardos marianos y sus lirios
su opio inesperado
su verde amarillando
yo soy la tierra que se proclama
en su habitante


El cuerpo es también punto de referencia en el contexto social-real.
En la realidad, las escritoras no pueden desligarse de un modelo social imperante en el que se espera que en el arte: ellas sean mujeres expresando una visión del mundo como la que él mismo tiene; es decir una repetición de la óptica masculina, la única conocida por él, aceptada y postulada en una sociedad patriarcal cuyo discurso histórico es masculino y al cual se le otorga una validez universal.
Poética femenina, no es poesía femenina porque hable de la mujer o esté escrita por mujeres, pero en lo práctico es la posibilidad de leer esos “ritos de intimidad” llamando así a ese “repertorio de gestos, fórmulas, comportamientos expresados por el cuerpo, pero que son índice de su compenetración con la cultura que lo habita”, cuerpo femenino que permite materializar su entorno con una significación distinta, en la que cobra relevancia la relación de ella a partir del cuerpo.
Cito:
no sentir
cómo nos lloran los pies sin levantarlos
cuánto lastima previa al sueño
la naftalina de adioses en la cama

cómo se puede dormir lleno de ruido
escuchando los ronquidos del silencio

En mujer en círculo, la poética entreteje una visión de la mujer de su realidad, pero a través de sus propios ojos, es un mirarse a sí misma ante el espejo con su propia mirada, no con los ojos del hombre con los cuales le enseñaron a mirar su entorno, su realidad, su historia, a ella misma, no reproduciendo los esquemas patriarcales.
No debe sorprendernos en una construcción de la estética desde lo femenino que la voz lírica de Mujer en círculo sea una especie de discurso polifónico que lo mismo sintetiza la de un yo acuñado en la primera persona que habla, hasta la de muchas otras voces femeninas que se apretujan asomándose, empujándose codo a codo.
Cito:
de las hembras inconformes y ordinarias
que insultan por las calles burdamente
con ese timbre que eriza hasta a las rocas
y no alaban -por vergüenza- los poetas

como ellas soy también:

La poética femenina, nutrida de un pensamiento y un inconsciente femenino debe construir un modelo objetivo de identidad que permita, situar a la mujer como un “sujeto histórico” no simplemente como madres ni en sus relaciones con otro (otra) sino símbolos estructurados por el lenguaje que vincule a nuestra realidad desde un pensamiento femenino.
Althusser plantea que: “la función social del arte consiste en interpelar a los hombres (mujeres) como sujetos de su historia”, es donde una poética femenina nos da pues la posibilidad de una visión desde la feminidad de cómo en este momento la poeta, construye su propia significación y estructura su pensamiento, la existencia simbólica propia reflejada en el lenguaje para nombrar el mundo que la rodea.
qué bueno que estás siempre latiendo
dispuesto tras la ventana
preparando hilo y aguja mientras me oyes
con gasas y vendas en los labios
a remendarme el ego
a curarme con íconos la herida
a mojarme de dicha y de existencia

Lo que el orden patriarcal no ve, es esa fuerza femenina para nombrar el mundo en femenino desde su experiencia personal, tratando de dar sentido a su ser y estar en el mundo.