martes, 29 de mayo de 2012


 “Yo quisiera cambiarme a mí, ser otra, poder hablar y decir las cosas que siento”.
“El, me decía, tú no eres nada sin mí”.
 
Argentina Casanova/Ponencia presentada en el X Encuentro Iberoamericano de Comunicación y Género, La Habana, Cuba.
 
Las frases con las que inicio, a manera de epígrafes, son voces de mujeres de México; en lo cotidiano las mujeres  viven con la violencia como parte de sus vidas, la cual no sólo proviene de sus parejas, también de los hijos o hijas, de las instituciones y la comunidad, bajo formas algunas veces sutiles y otras directas sin el respeto a los derechos y sin capacidad de ejercerlos, intrínseco en un sistema patriarcal que se garantiza su continuidad en discursos religiosos judeocristianos, políticos y mediáticos. 
 
La identificación de la violencia como parte de la vida no es algo sencillo, no sólo para las mujeres de los pueblos originales donde es común la  normalización de la violencia, que lo mismo se da entre grupos de mujeres rurales que en zonas urbana, subyugadas o empoderadas.
 
Las mujeres afrontamos condiciones identificadas como la Invisibilidad y cosificación. Al respecto:
 
La invisibilidad, no se da solo al interior de las comunidades indígenas (los hombres que no ven las necesidades de las mujeres), sino cobra una mayor agudeza cuando se da en las instituciones y desde las “otras comunidades” urbanas, sub urbanas o rurales no indígenas. La consecuencia real es la “doble marginación”, “pobreza con rostro de mujer” “la triple jornada”, etc. Se habla de las mujeres indígenas con escaso interés de conocerlas y escucharlas: las instituciones se escuchan así mismas y se creen sus discursos de lo que “creen” que ellas necesitan.
 
Si la invisibililidad implica no ver los matices de la personalidad femenina, la cual se obvia, llegamos al punto de no verla más que en un plano sexual-cosificado. 
La cosificación pues, nos refiere a que se la ve en la historia pero no en toda su dimensión, sino parcialmente.  Se la ve en una presencia dual: como mujer joven con poder reproductor-sexualizada/madre  y cuidadora-desexualizada. 
 
Solo con las cualidades de la cosa: “cosita preciosa” escuchan en la calle las mujeres sin alterarse, y con la indiferencia de quien lo enuncia. Ella misma naturaliza esa “cosificación” en las dimensiones de lo sexual-visual. Objetizar a la persona.
 
La realidad de las mujeres de México, y –del mundo-,  me queda claro luego de ver el vídeo documental que nos fue presentado ayer- es que las mujeres afrontan una condición más que identifico como Nulificación: –entendido como una negación-privación de toda condición humana y condición incluso de substancia-. 
 
No es que se la sustraiga de la historia (invisibilizando sus aportes) o se invisibilicen aspectos de ella, sino que desaparece por completo cualquier indicio de esencia, son las reduce a menos que nada. A ellas, las vejaciones y negación del acceso a los derechos se presentan de manera natural, en una forma de vida en la que la violencia de género está naturalizada.
 
“Eres una pendeja, no vales nada, sin mí no eres nada”, son frases comunes y constantes no sólo para las mujeres de origen maya, también lo es para las mazahuas o podría ser de cualquier grupo o comunidad. La frase la retomo del videodocumental “Otra forma de ser mujer”, producido por la Conavim (Comisión Nacional de Atención a la Violencia hacia las Mujeres (SEGOB) (digresión al vídeo, parte donde la mujer dice yo no era nada)
 
 
En el proceso de normalización de la violencia intervienen factores como: los medios de comunicación, la cultura, las costumbres y la interiorización de los roles, y la nulificación.
La distinción de la “cosificación” entre el de la “nulificación”, nos permite identificar una forma contundente, agresiva y evolucionada del patriarcado en su forma más radical, para el cual utiliza como brazo ejecutor directo el machismo moderno y cuyo resultado es la indiferencia a la violencia estructural hacia la mujer.
 
 
“Sin ti no soy nada”
“yo no valgo nada sin él”
 
La nulificación, tiene dos direcciones, no sólo viene del Patriarcado sino que la inserta en la mujer y es ella misma la que lo consolida al enunciarlo y proyectarlo hacia el exterior. Está imbricado en el decir femenino que no hace sino reproducir el discurso patriarcal cuando dice “yo no soy nada”.
Testimonios de grupos de mujeres violentadas o en entrevistas individuales, se repiten las frases: “él me decía: tú no vales nada, no eres nada sin mí”, constante en las declaraciones de las mujeres que viven violencia ante los ministerios públicos, quienes –tras oírlo”- “no encuentran explicación del por qué las mujeres no pueden salir de esos círculos de violencia, cuando esa postura ya supone que no son capaces de percibir en ellas la negación absoluta de una personalidad, son una voz que sólo es capaz de replicar el discurso patriarcal en su más aguda forma y su enunciación es en sí misma la prueba de la violencia.
La violencia es por sí misma la intención de convencer a las mujeres de lo que el hombre patriarcal y machista piensa de ellas, hacerlas creer lo que ellos tienen para decirles: “no eres nada”, “estas loca”, “eres estúpida”, y que encontró eco en millones de mujeres que asumen esos discursos como medida de sus propias vidas (nulificándose), en tanto que aquellas que osan hacer caso omiso a ese discurso no hay alusiones a ellas, se las ubican al otro extremo en la “mujer mala” o simplemente no existen (nulificadas).
 
 
Hablarnos, enunciarnos
 
La frase constante de muchas canciones que las propias mujeres cantan en los sitios de reunión público, frases cotidianas, refranes, dichos, construcciones culturales que se reflejan a través del sexismo en el lenguaje que ya de por sí ha invisibilizado a las mujeres al punto de suprimirlas de identidad con el falso genérico “hombre” como sinónimo de persona.
 
La mujer no sólo habla por sí misma, cuando lo hace reproduce ese discurso que le es dado, es el discurso en el discurso enunciado dentro de otro enunciado, pero al mismo tiempo es discurso sobre otro discurso, enunciado acerca de otro enunciado (Volochinov, 1992, 155).
La palabra, en términos de Mihaíl Bajtín, no es inocente se enuncia con todo el peso social de quienes la han enunciado antes, por eso cada vez que la sociedad utiliza la palabra “puta” para ofender está reproduciendo toda una intención social y cultural de hacer ya no de la condición de quien ofrece servicios sexuales sino de equiparar la palabra a un sinónimo de mujer con características específicas desde una relación dicotomíca buena-mala, la que se sale del parámetro de mujer buena que cumple con el decálogo de requisitos fijados por el patriarcado para ser una “mujer ideal”, la que está no se concibe ni se visualiza en posible condición de superioridad frente a los varones.
 
¿Qué nos puede ayudar a entender el proceso de despersonalización de la “víctima” de violencia, para que pase a la etapa de “sobreviviente”? proceso que viven muchas mujeres y en general víctimas de la violencia de género o de trata. 
 
1.- Un claro ejemplo de la condición nulificante del patriarcado hacia la mujer y las niñas así como la explotación sexual mediante la subyugación y el control de la pareja que nos deja ver el cómo una persona puede aceptar vivir bajo condiciones de maltrato, tortura sicológica y física, humillaciones y vejaciones y mantenerse junto a esa persona que los infringe, algunas veces por un vínculo amor-odio en el que predomina la ausencia de un valor propio que haga –a la víctima- verse con posibilidades de mejores condiciones de vida.
 
2.-Así como en algunos casos por el miedo al sujeto subyugante, tal como ocurre en los casos de mujeres que conviven con parejas infieles, violentas, que las ofende, no les brindan sustento o las privan de la maternidad, la sexualidad, mutilación, intentos de privación de la vida, etc.
 
3.- Otro caso es por un estado de abandono de sí como ocurre en las víctimas de trata.
 
El proceso es muy complejo y no en vano es un término que hemos ido tejiendo y alimentándolo desde distintos enfoques y vamos perfilando desde una realidad que nos da múltiples formas que se ajustan a esta propuesta de categoría.
 
La nulificación institucional
 
Las mujeres violentadas reproducen el discurso patriarcal que las nulifica, desde el término más simple de decir “él dice que yo no valgo nada sin él”, hasta complejas formas que entrañan al sistema jurídico de un país y que se reproduce e inserta en una voz femenina reproductora de ese discurso patriarcal nulificante: cuando nos dicen: “si lo denuncio no pasa nada, a mí me piden que yo pruebe la violencia”; o en el caso de las víctimas de violencia sexual: “me preguntaron porque no fui a denunciar inmediatamente y por qué me bañé, cómo iba vestida y si yo hice algo para provocarlo”, 
En ausencia del “otro” nulificador, es la reproducción de su discurso el que vale para las autoridades, ella es sólo la necesaria reproductora de ese discurso.
Aun más hay otros casos como el de las mujeres que se defienden acusadas de homicidio –numerosos casos- en los que a pesar de que vivían bajo violencia cotidiana los fallos les son adversosn sin una mirada que considere esas condiciones particulares, esto es precisamente el códigos de la nulificación desde el sistema mismo cuando le toca fijar el valor puede tener la vida de una mujer si en opinión de los jueces su agresor no merece ningún castigo y se le libera? 
El mensaje es grave, sobre todo en una sociedad machista-patriarcal y excluyente de las mujeres como personas. El mejor ejemplo lo tenemos en los casos de feminicidios en los que, ante la ausencia de voz de la víctima para los jueces los escenarios de prueba el mejor testigo tendría que ser el cuerpo torturado de la víctima. Pero no es así.
El mensaje que se construye a partir del fallo en el que el sistema judicial se basa en el derecho a la “presunción de la inocencia” del agresor y termina en gran medida por nulificar los derechos de la mujer fallecida, en todo momento el discurso se articula a partir de los “derechos humanos” que le conceden al hombre su “derecho” a una defensa justa y que apele a que no la asesinó directamente, es decir no utilizó un arma, no le disparó, no le enterró un cuchillo cuando ella muere por los golpes.
El cuerpo de ella, sin embargo, habla, (otra vez el reíficado cuerpo femenino) presenta huellas de tortura y documentadas por el ministerio público en fotografías, pero también de cartas, diarios, cuadernos en los que la víctima escribía el tormento que vivía. 
Entonces saltan otros mensajes que quedan sobre la mesa ¿cómo es posible que nadie haya denunciado las condiciones en las que vivía esta mujer? ¿Cómo es que ella no pidió ayuda? Muchos otros casos. Porque vivía en condición de nulificación ante sí misma?
La realidad es que la voz de la mujer: “ella no es nada”, es decir la suma y a la vez la reducción de la esencia misma de la nulificación femenina. Esa voz que a diario repiten las mujeres que se ven a sí mismas en condiciones de sumisión, abusadas y violentadas y sin posibilidad de salir “yo sin él no soy nada” pero es una conclusión a la que llegan por todos los códigos a su alrededor, por todos los mensajes construidos a partir de los medios masivos, de la publicidad, el sexismo en el lenguaje, los discursos políticos, la cosificación y las leyes o la perspectiva de quienes la administran.
En una sociedad en la que las mujeres saben de antemano que ir a denunciar implica afrontar a un sistema que no las ve o las cree responsables de permitir todas las formas de violencia contra ellas.
 
Es a partir de identificar este concepto, surgido desde la observación durante entrevistas con mujeres víctimas de violencia, como ha sido posible plantear su deconstrucción; desde la ausencia a la identidad, a la integración de una personalidad, un yo femenino a partir del lenguaje; de la imagen que tenemos de nosotras mismas y el ideal del cuerpo femenino labrado desde el exterior a uno propio, los hábitos y las referencias a nosotras mismas, lo que oímos, lo que vemos, y lo que interiorizamos pero también la búsqueda hacia el interior de la voz del inconsciente femenino enuncia y cómo se enuncia en el cuerpo.
 
 
 
La Habana, Cuba

sábado, 30 de octubre de 2010

viernes, 10 de septiembre de 2010

La literatura como re-evolución

Argentina Casanova
Texto leído en el Encuentro de Escritores Jóvenes de MTY

Yo sé
que una vez se cae en esta pasión
y que se tiene un corazón de un peso respetable
no hay nada que hacer, don Quijote,
nada qué hacer;
hay que embestir a los molinos de viento

Nazim Hekmit, Don Quijote

No pretendo con esta intervención defender la existencia de la literatura como una forma de revolución alternativa, por principio porque creo que hay una literatura que implica desde mi concepción, la re-evolución. Louis Althuser (1976) apunta "a la función social del arte precisamente por su capacidad de interpelarnos como sujetos", sin por ello negar la existencia de otras formas, otras visiones estructuralistas que desestiman al sujeto y al momento histórico en el que se produce.
Yo me quedo con la visión que apunta a que el poema, la novela, el ensayo, el manifiesto o cualquier otro producto de la literatura, es por el solo hecho de ser un producto del lenguaje, social como la lengua misma. No nos alcanza contemplar el texto sólo como "artefacto" o "monumento", o bien entenderlo como permutación constante de otros textos, en un ensamblaje de signos lingüísticos. Creo, que si así fuera, el discurso literario no podría dialogar desde una temporalidad con otros discursos poéticos de otras personas, otras historias. "Necesitamos advertir las torsiones que sujetos históricos en culturas específicas le imprimen", sostiene Laura Scarano (2007)
Todo poema es social porque parte de la experiencia del autor, porque toma los elementos de una realidad, los símbolos para hilvanarse.
Así encuentro una re evolución en toda obra que plantea una noción, una perspectiva de la realidad, y no sólo un edificio cascarón, pieza excelsa de arquitectura, o una joya hecha con la minuciosa filigrana inútil, es edificio habitado, un tiene formas que somos capaces de reconocer como sujetos sociales. Hay en la literatura de México, como en la literatura universal obras con más alusión al momento social que vivían sus autores, obras que atienden al momento histórico en el que se crean, dialogan con ésta, y a la luz de la distancia nos permiten encontrar corrientes que identifican y caracterizan a humanidad en los aspectos más particulares, generadores de movimientos artísticos en la literatura, la pintura y la escultura, así como nuevas formas de expresión artística validadas posteriormente a su momento.
No es sino la literatura la que nos da la posibilidad de conocer el íntimo pensamiento, en una universal identificación que nos hace descubrir que todos y todas podemos descubrirnos un poco en la pasión de Madame Bovary, pasiones humanas en las que el contexto de realidad en el que transcurre aporta elementos para entender el pensamiento humano.
El estudio de la literatura como acto, no sólo como discurso, abre la posibilidad de mirar hacia la capacidad de la interpelación social del arte, hay en cada obra literaria el bajtiano "rumor de quienes han hablado antes las palabras", hay también datos de la raza, la edad, de los contextos y situaciones que rodean a los individuos, que si bien no abordados explícitamente en la literatura, están presentes e implícitos en su comprensión y aprehensión del lenguaje.
El arte es configurador de identidades culturales y como tal aproximarnos a la literatura entendiéndolo como tal, nos permite también entender a los pueblos, a las personas.
Si algo distingue la novela de la Revolución Mexicana, es que configura no sólo personajes aislados que se desenvuelven en escenarios identificables con la Revolución, nos da plasma desde personajes muy bien perfilados que desde lo particular esbozan un panorama del México de esos años. Lo mismo ha ocurrido en otros momentos históricos de otros países, en donde seguro es ocioso preguntarse si hay una relación íntima entre los principales sucesos que han marcado a los países europeos para generar un tipo de novela o poesía. Nadie se pregunta si la Revolución francesa tuvo o no una consecuencia en la literatura de ese país en esos años y mucho menos en la literatura universal.
En un salto hacia la actualidad, sabemos que el realismo dio a España una expresión durante y después de la guerra civil, como las invasiones a Europa oriental están latentes, ya como escenario, como argumento o simplemente como referencia para los personajes arrojados a una temporalidad en la que el pasado de guerra es una conciencia que los moldea.
Así, los movimientos políticos han encontrado un espejo en la literatura. En América Latina este tema cobra mayor relevancia, es imposible hablar de la guerra civil española sin la literatura de la posguerra que se ha escrito del tema, de la misma forma como las dictaduras latinoamericanas sin la novela de los dictadores, o de los golpes de estado desde un realismo mágico que a la manera de una propia visión de la irreal realidad de nuestros países se entretejen historias hilarantes en las que todo lo real parece ficción y viceversa.
Lo que se describe en las novelas de las ciudades latinoamericanas no es literal pero podría ser cualquier o ninguna, pero en su irrealidad dibujan la cotidiana existencia de personajes que preñados de infelicidad, frustración, tristezas o sueños viven el diario y lo cotidiano de muchos pueblos casi fantasmales de nuestro territorio.
La conciencia es también poesía, en La suave patria de Ramón López Velarde, poeta en el que canta en un esplendido verso que no diezma su belleza por el tema.
Hay en la grandeza de Pedro Paramo una realidad fantasmal traspasada a la literatura, en un cacique patriarcal que al morir se lleva a la muerte al pueblo que gobernaba, en un símil catastrófico con los pueblos mexicanos en donde aún hoy se viven los cacicazgos sin el asomo de la sorpresa porque son parte del escenario y de la realidad más irreal. También otra es la forma, la referencia de las particularidades de las historias de formación, de aprendizaje, de enseñanza, de amor y tragedia, de dolor que se punza y como un tejido se mezcla con la historia, con la memoria, con el pasado que es también el presente como sucede en el cuento de Elena Garro, La culpa es de los tlaxcaltecas.
En Cartucho, Nelli Campobello reconstruye una historia social a partir de una visión femenina y personal desde la que ofrece, cito a Laura Cáceres en La revolución en clave de mujer, "una postura ideológica crítica al sistema de su época".
Cázares expone que "el beneficio real de cualquier individuo al contar su pasado o confeccionar una interpretación de él, resulta ser el entendimiento de su propia vida, además, en la construcción del discurso que crea para sí mismo y para los otros, se libera de lo transitado, sepultando culpas, y edifica un relato que le permite "entender" o explicarse su propio hacer en el mundo y su circunstancia.
La literatura no busca transformar la realidad, pero sí cambia la mirada con la que se ve en los lectores, no busca o pretende la trascendencia es por sí misma su razón de ser, una referencia -insisto- de la realidad de los autores, un momento representado en su literatura que significa a partir de la conciencia de lo que se vive. Antonio Gamoneda expone que: "sin noción del tiempo, no es posible la temporalización del discurso poético, más aún no es posible la memoria (no es posible la memoria histórico-biográfica ni la específicamente poética), y, sin memoria, es impensable la composición artístico-poética.
Hay algo en Comala, en Santa Elena, en Macondo como en cualquier pueblo de nuestros países latinoamericanos, algo tienen que se perfila con precisión en la óptica de los autores que retratan así momentos históricos de sus proximidades, que forjan su memoria histórica e influye en sus visiones donde la experiencia forja la noción.
Los signos verbales no son de otro planeta, son usados pues por personas que las utilizan con un sentido específico y con significados dentro de la historia de una cultura. La historia no transcurre por un lado y el arte literario por otro, sin tocarse, sin mezclarse viviendo fatalmente incomunicados.
El poeta social español, José Hierro, en la posguerra española afirmó en 1962 que la poesía dice y hace, "la poesía es comunicación de mis experiencias y también una foma de conocimiento personal (...), expresión y conocimiento propio, pero luego compartido con el lector, y en ese sentido comunicación.
Por la otra parte, ninguna lectura es inocente, está sujeta a los códigos lingüísticos y culturales del lector.
Paolo Farri (1999, El giro semiótico, Barcelona) sostiene que los textos literarios no son solo representaciones mentales o conceptuales, sino que son provocadores de actos que modifican al mismo tiempo a quien los produce y quien los recibe. Y yo asumo que la literatura es un acto de conciencia y conocimiento, es comunicación de la experiencia, de lo que se vive y lo que trastoca la realidad cotidiana.


II

Grietas, una revolución a pluma armada

Sin más pretensión que la de ser un espacio de difusión para los dispuestos a publicar en este espacio que se enuncia a sí mismo como "pasquín literario" en su evocación romántica más llana, en una alianza entre poetas y narradores del Sureste se creó hace 7 semanas Grietas.
De este proyecto, emprendido a vuelo virtual de sus colaboradores, Adán Echeverría expone toda su intención irónica y mordaz razón de su existencia: "Nace debido a la enajenación existente de los lectores, autores, sociedad toda. Como una intención de protesta, un juego macabro de la burla, por el sistema político tan vilipendiado que todo mundo reconoce en las charlas de café, pero que pocos se animan a asumir desde la letra. Su objetivo primordial es Hacer del panfleto arte.
El segundo objetivo tiene que ver con reconocer precisamente esas charlas de café, que los puritanos desprecian, pero que son parte de una memoria colectiva. Todos el país tienen una opinión política. Grietas busca darles el espacio. Formado en tan solo una hoja tamaño carta por ambas caras pretende presentar una imagen de un artista visual, un comentario (que no requiera mas citas que las que el autor tenga a la mano -o a la lengua-) de dos cuartillas y media, y un poema.
Grietas pretende ser vehículo. Espacio. Apoyo. Grietas esta condenado, nacio en junio del 2010, para morir el miércoles después de las fatídicas elecciones presidenciales del 2012.”, hasta ahí señala Adan Echeverría.

Este pasquín ha presentado a lo largo de varias semanas en una clara intención de ligar el momento histórico de celebración caótica de un bicentenario y centenario como una obra de teatro cuyo escenario de fondo es el de un campo de guerra con 28 mil ejecuciones en los últimos tres años, en 998 enfrentamientos diarios, es decir casi uno por día. Un momento histórico en el que es imposible que no toque a sus individuos. No es el México que nos trastoque la existencia para quienes vivimos en un Sur donde las cifras de ejecuciones no son las del Norte, en un país colapsado y dividido, del que sabemos por el temor que asalta a la vida cotidiana de las familias de ciudades donde el miedo se vuelve algo cotidiano.
El proyecto está ahí, como un espacio para quienes escriban de estos temas con la conciencia y la voluntad, con la noción de que es una irónica representación del panfleto que en otros tiempos sirvió a los escenarios revolucionarios. En la Revolución a palabra armada

martes, 10 de agosto de 2010

http://enescritoresjovenes.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=144&Itemid=76

Participación en el Encuentro Nacional de Escritores

miércoles, 4 de agosto de 2010

Mujer en círculo, las posibilidades de una poética femenina

Argentina Casanova

Las discusiones del canon poético se centraron durante mucho tiempo en si realmente debe hacerse poesía en la que el género de quien la escribe tenga alguna relevancia; observable en la temática del poema, el códigos estéticos y en el sujeto lírico hablante en el poema. Esta discusión, obviamente incluye determinar si las mujeres hacen poesía femenina en la que, su identidad femenina es lo característico y lo distintivo como único valor o sí está inmanente lo poético.
Estas preguntas surgen dentro de un canon patriarcal que busca encontrarse así mismo en la obra hecha por mujeres, y si no, en consecuencia se descarta la calidad estética-poética del trabajo.
Se parte de un contexto en el que el discurso histórico dominante hecho por hombres, es el que dice lo que es lo femenino, “constructor de la feminidad –en lo discursivo- con aquellas partes para los que ellos no son aptos, como la maternidad” y como ellos ven o esperan ver a la mujer.
La poética, al igual que en otras formas de expresión del pensamiento humano es considerada fuera del canon si no se ajusta a lo que dice el canon dominante que dicta los parámetros. “De la mujer y sus obras literarias, el hombre espera también el respeto y la admiración de lo que él siente, no de lo que siente la mujer”, afirma Jorge Cuesta. Si ellas deciden escapar a ese canon, él simplemente no lo reconoce con valor dentro de lo establecido por los cánones dictados por él mismo.

La poética femenina
Aclaro que no es poesía feminista, porque solo hay un tipo de poesía la buena y la que es mala, y la mala simplemente no es poesía –afirma Antonio Gamoneda-.
¿Existe pues la poética femenina? esta permite a las mujeres verse con sus propios ojos, no con los ojos masculinos, cabe hablar de una visión poética femenina, una reveladora del inconsciente femenino el cual ha sido privado de expresión y exteriorización en una sociedad patriarcal.
Aclaro que no toda la poética escrita por mujeres entra en esta categoría de “poética femenina” presente en variadas etapas de las poetas, dejándolas algunas como algo pendiente, otras pasando por ella en algún momento, o algunas más eligen hacerla su forma de expresión con los riesgos que ello conlleva.
Mujer en círculo, es un libro donde la autora Sabeli Ceballos, crea una voz lírica femenina que nos habla de sus distintos momentos y tópicos que inquietan a las mujeres en las sociedades modernas, inserta en un discurso histórico en la que se sabe cosificada y en el que su vía de contacto con el mundo real –el cuerpo- es también su discurso, y como tal matizado de lo que el cuerpo femenino es y percibe en su entorno, lo mismo es la tierra, es caja receptora, es casa y es habitación.
Cito:
yo soy la voz
el atrio de las pasiones del silencio
yo salgo de mi boca
con todos los insectos de la vida
con sus cardos marianos y sus lirios
su opio inesperado
su verde amarillando
yo soy la tierra que se proclama
en su habitante


El cuerpo es también punto de referencia en el contexto social-real.
En la realidad, las escritoras no pueden desligarse de un modelo social imperante en el que se espera que en el arte: ellas sean mujeres expresando una visión del mundo como la que él mismo tiene; es decir una repetición de la óptica masculina, la única conocida por él, aceptada y postulada en una sociedad patriarcal cuyo discurso histórico es masculino y al cual se le otorga una validez universal.
Poética femenina, no es poesía femenina porque hable de la mujer o esté escrita por mujeres, pero en lo práctico es la posibilidad de leer esos “ritos de intimidad” llamando así a ese “repertorio de gestos, fórmulas, comportamientos expresados por el cuerpo, pero que son índice de su compenetración con la cultura que lo habita”, cuerpo femenino que permite materializar su entorno con una significación distinta, en la que cobra relevancia la relación de ella a partir del cuerpo.
Cito:
no sentir
cómo nos lloran los pies sin levantarlos
cuánto lastima previa al sueño
la naftalina de adioses en la cama

cómo se puede dormir lleno de ruido
escuchando los ronquidos del silencio

En mujer en círculo, la poética entreteje una visión de la mujer de su realidad, pero a través de sus propios ojos, es un mirarse a sí misma ante el espejo con su propia mirada, no con los ojos del hombre con los cuales le enseñaron a mirar su entorno, su realidad, su historia, a ella misma, no reproduciendo los esquemas patriarcales.
No debe sorprendernos en una construcción de la estética desde lo femenino que la voz lírica de Mujer en círculo sea una especie de discurso polifónico que lo mismo sintetiza la de un yo acuñado en la primera persona que habla, hasta la de muchas otras voces femeninas que se apretujan asomándose, empujándose codo a codo.
Cito:
de las hembras inconformes y ordinarias
que insultan por las calles burdamente
con ese timbre que eriza hasta a las rocas
y no alaban -por vergüenza- los poetas

como ellas soy también:

La poética femenina, nutrida de un pensamiento y un inconsciente femenino debe construir un modelo objetivo de identidad que permita, situar a la mujer como un “sujeto histórico” no simplemente como madres ni en sus relaciones con otro (otra) sino símbolos estructurados por el lenguaje que vincule a nuestra realidad desde un pensamiento femenino.
Althusser plantea que: “la función social del arte consiste en interpelar a los hombres (mujeres) como sujetos de su historia”, es donde una poética femenina nos da pues la posibilidad de una visión desde la feminidad de cómo en este momento la poeta, construye su propia significación y estructura su pensamiento, la existencia simbólica propia reflejada en el lenguaje para nombrar el mundo que la rodea.
qué bueno que estás siempre latiendo
dispuesto tras la ventana
preparando hilo y aguja mientras me oyes
con gasas y vendas en los labios
a remendarme el ego
a curarme con íconos la herida
a mojarme de dicha y de existencia

Lo que el orden patriarcal no ve, es esa fuerza femenina para nombrar el mundo en femenino desde su experiencia personal, tratando de dar sentido a su ser y estar en el mundo.

viernes, 16 de abril de 2010

De Navegaciones

Tropico

Vivo en la zona más caliente de la tierra, cinturón del trópico
amarre de las aguas a la selva, árboles dedos que sostienen
racimos verdes preñados de nidos, ruta de navíos y de tormentas;
el día apunta a las entrañas orada horas y dobla el horizonte

Yo soy del trópico de las faldas de fuego, horizonte que hierve
cuerpo húmedo bajo la tempestad, serpiente de agua corre entre la selva
boca del infierno pintada de paraíso, Treno de la garganta del agua
Y sí:
yo soy del trópico donde se cocinan las médulas

Las palabras tienen el tufo de los mangles y la selva virgen
Ves rìos profundos, maraña de imágenes en lo profundo
persiguen tábanos detrás de las orejas, alfileres en los ojos.
Canto herido en la insolación de abril.


Invocación

La palabra se vomita, astilla, moja
es peregrina de una ciudad a otra,
de un pueblo a otro heredamos solo murmullos
en las frases que palpitan en nuestros días
se resisten a morir al filo del silencio
de las voces que las invocaron

La palabra canta en los oídos
duerme bajo las sábanas, dispuesta al que la busca
complaciente y furiosa persigue una vez que la pronuncias
dispara el fuego cuando dices rojo y quema en desierto
Si la pronuncias agua inunda la boca, corre por el tiempo
fuerza de río a tropel por los vados:
ahoga el maíz en los campos y las conciencias

Todas las palabras caben en la boca que las dicta
En la voz que lee las madrugadas, en la hoja de las civilizaciones
En el pedazo de historia en las manos sangrantes de la guerra
En el verso que retumba en los oídos con la fuerza del tiempo,
tambor de guerra

Suelta amarras, abre las velas, tira los lastres por la borda
Oye la voz de la palabra que se anida en el pensamiento
despojada desde el silencio nos mira
Todo lo nombra y lo pronuncia
el cuerpo es el campo de batalla.


Publicado en el poemario Navegaciones, Editado por la Universidad Autónoma de Campeche, 2008